Opinión

Solloza el Bardo

Shakespeare debe sollozar con la muerte de Harold Bloom, su gran heraldo, su mistificador, ‘deificador’, su reinventor.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Si existe un solo autor universal, debe de ser Shakespeare, quien pone a toda la humanidad en su heterocosmos. ¿Hay siquiera un heterocosmos? Se puede decir eso de Dante, Cervantes, Tolstói, Dickens, aún de Whitman, pero Shakespeare parece haber usurpado la realidad. En la teoría pura eso no es posible, sin embargo sólo Shakespeare sostiene la ilusión de que sus mujeres y hombres caminan entre nosotros.

Bloom, Harold. “The Anatomy of Influence: Literature as a Way of Life” (p. 30). Yale University Press. Edición de Kindle.

Shakespeare debe sollozar con la muerte de Harold Bloom, su gran heraldo, su mistificador, ‘deificador’, su reinventor.

Mientras nuestros afanes seguían los pasos de los políticos mexicanos y sus absurdas conductas, fallece Bloom, el gran literato de literatos, el narrador del “Canon de Occidente”, descubridor y magnificador de la cultura literaria europea.

Bueno desenfadarse de las tragedias diarias de nuestro Guanajuato, al menos por unas horas para hundirse en la reflexión y la guía de Bloom, el hijo del Bronx, descendiente de la Casa de David, que alcanzó la cima de la cultura y la esparció por el mundo desde la Universidad de Yale.

Imposible hacer una aproximación extensa y redonda del hombre que comprendió a Kafka, Cervantes, Tolstói, Joyce, Faulkner y a cuantos se le pusieron enfrente. Sobre todo al bardo, su modelo de humanidad. Sin embargo viven en la memoria sus juicios sumarios.

Dos temas incendiaron mis dudas sobre las aseveraciones totales del maestro: “Lo humano comienza con Shakespeare”. ¿Y el cristianismo con su filosofía de amor que transformó 20 siglos? ¿Y los griegos con sus tragedias, comedias y la creación mítica de Homero? ¿No está ahí en su propia ascendencia hebrea la simiente de todo lo que somos?

Creamos en Bloom y hagamos un ejercicio divertido. ¿Quién es Hamlet entre nosotros? Príncipe que no decide, heredero de todas las dudas de todos los hombres, de todos los tiempos, víctima de su propio linaje. ¿Quiénes son Macbeth y Lady Macbeth? Veamos en los noticieros de televisión, en las redes sociales. ¿Dónde encontramos la perversión por el poder que lleva al crimen?

Trump, ¿es una comedia, una tragedia o un simple Guasón?

Y la codicia en El Mercader de Venecia enfrentado a un duque sabio que no permite el pago de una deuda con una libra de carne humana porque el infortunado Bassanio no deberá verter una gota de sangre so pena de calabozo al agiotista. ¿Dónde está el juez sabio, el duque veneciano que salve literalmente el pellejo a un país deudor infortunado?

No es broma, podemos ver en las noticias desde muy temprano un desfile de personajes que nos gobiernan convertidos en su propia comedia, o en nuestra tragedia. ¿Qué personaje de tragedia o de comedia se parece a Javier Duarte o a Miguel Barbosa?

Pero no olvidemos la pasión exaltada en el amor de juventud con los diálogos de Romeo y Julieta. Y qué decir de la alegría de enredos mágicos esculpidos en lenguaje de puro ingenio en el Sueño de una Noche de Verano.

Y lo sabio, lo inspirador. ¿Quién puede ser el líder llamado Enrique V que venciera a los franceses en una batalla perdida en Azincourt el día de San Crispín?

¿Dónde está el líder, el joven inspirado que rescate al país antes de llegar al despeñadero?

Banda de hermanos, felices pocos, ¿dónde está para acompañarlo en las batallas futuras como si tuviéramos 20 años de nuevo? Encontrémoslo ya.

Bloom también nos dice que la literatura no nos hace ni mejores ni peores. Eso no termino de entenderlo, siempre pensé que el arte de las letras nos elevaría, nos haría precisamente más humanos. Debemos descubrirlo.

Hay mil secretos en la literatura y lo cierto es que si los descubrimos, comprendemos, amamos y disfrutamos más la vida. “El conocimiento es el placer de los dioses”, decía el tío Santiago Hernández Ornelas. Cierto. Bloom deja una gran herencia a Occidente.

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