Opinión

Decisión inteligente

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Por: Enrique Gómez Orozco

Después de seis meses de escuchar decisiones poco inteligentes del nuevo Gobierno hay un viento refrescante en el acuerdo alcanzado con Estados Unidos. Podemos ver la amenaza de Donald Trump en el establecimiento de aranceles como una baladronada más del mercurial presidente. 

Si nos fijamos bien tiene razón. En mayo arribaron 140 mil personas a su frontera para pedir asilo. Según las leyes norteamericanas se les debe dar audiencia y eso significa un caos. México permitió el tránsito de centroamericanos por nuestro territorio casi sin objeción. Así que Trump, con todo y lo pedante y racista que es, tuvo que amenazarnos con la imposición de aranceles en forma creciente. 

El presidente Andrés Manuel López Obrador entendió de inmediato el riesgo para el país. La medida elevaría el precio del dólar, disminuiría la actividad económica y sembraría la semilla de la desconfianza en la inversión extranjera. Por eso envió a un equipo de funcionarios encabezados por el canciller Marcelo Ebrard para desactivar la bomba que nos lanzaron. 

Un presidente de la calidad de Barack Obama jamás hubiera usado la rudeza de Trump a pesar de que Obama fue quien más deportó mexicanos. 

Con la dignidad herida por las formas groseras del “agente naranja”, nuestros representantes tuvieron que discutir fuertemente con los personeros de Trump. Al final México cedió en casi todo salvo en la petición de convertirnos en el primer santuario para los migrantes centroamericanos. Lo que pedía EU era que al pisar México, los centroamericanos tuvieran que pedir asilo aquí y no en el país del norte. Entonces toda la chamba de asimilar a cientos de miles de vecinos sería nuestra con el enorme costo que representaría en lo económico, político y social. 

En México se dio una invasión silenciosa de hondureños, salvadoreños, cubanos y africanos que caminaron hasta la frontera norte sin obstáculos y según la visión norteamericana, les dirigimos la bomba migratoria sin el menor cuidado político. 

La respuesta de Trump no es graciosa para México y nos deja con el sentimiento de avasallamiento que prevalece desde que hace siglo y medio nos quitaron la mitad del territorio. 

Pero tenemos que ser inteligentes y no enojarnos ni pelearnos con nuestro principal cliente. Porfirio Muñoz Ledo y otros dicen que no debemos dejarnos. Tal vez. 

Lo que nos deja un buen sabor de boca es la prudencia de López Obrador y su equipo. Vemos que no tienen ni nunca tuvieron la idea perversa de convertirnos en un país de socialismo tropical como Venezuela o Cuba. 

Al defender el libre comercio, AMLO se comporta como un perfecto neoliberal. Cuida con algodones el mercado que da de comer a millones de trabajadores y abre la puerta a la inversión que huye de China.

Tendremos que incrementar los recursos para detener la marea humana que viene del sur; deberemos cumplir con las peticiones presentes y futuras de Trump. Habremos de soportar las voces críticas de quienes odian al Imperio del norte y a su presidente, pero no perderemos porque a la larga tendremos con el TMEC (Tratado comercial de México, Estados Unidos y Canadá) un futuro promisorio. Ya muchas empresas ven como puerto seguro la fabricación en México. Ante los pleitos con China, nosotros podemos capitalizar el conflicto.

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