Opinión

Carlos Salinas

Carlos Salinas de Gortari ha querido pasar a la historia como el presidente de la modernidad; ya se ganó un lugar, como barómetro de la impunidad.

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Por: Sergio Aguayo

Carlos Salinas de Gortari ha querido pasar a la historia como el presidente de la modernidad; ya se ganó un lugar, como barómetro de la impunidad.

Personaje clave de la transición, se puso el sayal de transformador. Desmontó algunas piezas de la fortaleza autoritaria e inauguró el reino del capitalismo neoliberal de cuates, la alternancia entre partidos (clonados) y el empoderamiento criminal. Es curiosa la ausencia de una biografía exhaustiva y objetiva, que esclarezca si es correcto asociarlo con la corrupción y la impunidad. 

En 1995 inicié un proyecto de investigación para establecer el salario del presidente mexicano y el monto de la “partida secreta” autorizada por la Constitución de 1917. En agosto de 1997, en coautoría con Helena Hofbauer, publiqué en Reforma un texto, demostrando que Carlos Salinas había gastado –durante sus seis años como presidente- casi 858 millones de dólares de 1993, (alrededor de 1,500 mdd actuales). Nunca se pudo establecer si se apropió de una parte de esa partida. Evidencia circunstancial, hubo. Y muy importante. 

En octubre del 2000, Joaquín López-Dóriga difundió en el principal noticiero de Televisa, el audio de una conversación entre Raúl y Adriana Salinas. Desde la cárcel, Raúl bramó enfurecido: “el dinero es de él [de Carlos]; voy a decir qué fondos salieron del erario público para que se devuelvan”. 

A los dos meses de esa transmisión, tomó posesión Vicente Fox. Hubo ilusos –incluido yo– que esperábamos una batida contra los corruptos. Nos equivocamos. En el dintel de Los Pinos, disimuladamente, se sustituyeron las botas del guerrero por las sandalias de terciopelo rojo y borlas doradas, moda obligada en los corredores de la impunidad. En el libro La diferencia, Rubén Aguilar y Jorge Castañeda hablan claro: Fox negoció con el PRI y durante su gobierno se acabaron las “acusaciones a funcionarios del pasado” y pusieron de ejemplo la “partida secreta de Salinas”.   

En 2009 Carmen Aristegui difundió en su noticiero, dos testimonios sobre el mismo tema. El primero fue de Luis Téllez –subsecretario en los años de Salinas– quien, sin saberlo, dejó registrada una gravísima acusación. En sus palabras, Salinas se robó “la mitad de la cuenta [partida] secreta”. Carmen recuperó esta afirmación para preguntar al ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado “¿Usted cree que se robó la mitad” [de la partida]? De la Madrid respondió con un lacónico “sí, es posible”.

¿Renovador o corruptor? Tal vez ambas cosas. Hubo cambios, es cierto, pero hay evidencia de que durante su administración floreció la gran corrupción y México confirmó su vocación de paraíso de la impunidad. Pese a las declaraciones arriba mencionadas, Carlos Salinas jamás fue investigado por una autoridad; siguió comportándose como rey sin corona y se paseaba por los escenarios, con esa sonrisa prototípica de la prepotencia. Un paradigma de los “prófugos de la opinión pública”, especie inventada por Carlos Monsiváis. 

La impunidad fue una de las razones por las cuales triunfó Andrés Manuel López Obrador. Las acciones legales emprendidas recientemente por la Fiscalía General de la República contra presuntos corruptos, han sido una grata sorpresa. Las órdenes de aprehensión contra Emilio Lozoya, Alonso Ancira y Juan Collado abren la posibilidad de que la “mafia del poder” tenga su primer “arrepentido”; alguien dispuesto a decir ante los tribunales, los nombres y los detalles tras algunos de los grandes casos de corrupción. Las consecuencias de tener verdad y justicia son enormes. 

En otro frente de la misma cruzada están las investigaciones de la Secretaría de la Función Pública sobre Carlos Lomelí, (ex) superdelegado lopezobradorista en Jalisco. Será una batalla épica, porque la impunidad está profundamente imbricada en la vida pública mexicana. Los imputados se defenderán y, la 4T, tendrá que demostrar su profesionalismo en el armado de los casos y la solidez de su convicción. Es muy fuerte la tentación del borrón y cuenta nueva. La 4T tiene una oportunidad para recuperar apoyos que ha ido perdiendo a una velocidad notable. Es buena noticia que en este tema, al menos, se mantenga encendida la luz de la esperanza. Carlos Salinas es el termómetro. 

@sergioaguayo

Colaboró: Mónica Gabriela Maldonado Díaz.

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