Opinión

La Cartilla Moral de Andrés Manuel

FRENOLOGÍA

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Por: Iván Lozano

No bebe escatimarse el anhelo de vivir en una nación más amorosa, comentó Beatriz Gutiérrez Müller en defensa de la Cartilla Moral, de la cual la administración de Andrés Manuel López Obrador pretende distribuir 10 millones de ejemplares como parte de una estrategia que busca recuperar los valores que supuestamente hemos perdido en esta nación maicera y por lo cual (entre otras cosas) estamos sumidos en el pantano de la corrupción.

Este documento sería repartido entre beneficiarios de programas sociales, estudiantes e, incluso, maestros, pues estos son los encargados de la educación en este país y seguramente la intención es que el mensaje de moralidad llegue a los jóvenes en formación.

El texto es una versión noventera del elaborado por Alfonso Reyes en la década de los 50 y ha sido criticado desde todos los frentes. Gutiérrez Müller tuvo que defenderlo tras la arremetida de la Iglesia Católica, que en el semanario Desde la Fe criticó al presidente por salirse de su jurisdicción, ¿quiénes más autorizados para controlar el monopolio de la moralidad que los jerarcas católicos?, se lee entre líneas, y aunque el documento no dista del discurso católico, no vaya a ser que después el mandatario cambie de rumbo y atente contra las buenas costumbres. Así que desde una vez le dicen: al Peje lo que es del Peje y a dios lo que es de dios.

Este reclamo se dio no obstante que la Cartilla será repartida junto con la Cofraternidad Nacional de Iglesias Cristianas y Evangélicas. Lo cual tiene sentido, pues además de que el presidente ha dado varias muestras de su carácter conservador afín a la doctrina religiosa, el texto presenta coincidencias con la postura de iglesias en México, especialmente sobre la familia como célula principal de la sociedad y la conformación ‘correcta’ de ella.

Tras leer la Cartilla Moral me llamaron la atención algunos puntos. El primero, el que acabo de mencionar: la familia, la cual es considerada como un “hecho natural” y exclusivo de la especie humana.

Señala que las personas pertenecemos a una familia por naturaleza, sin tomar en consideración que la construcción del concepto ‘familia’ (que no el carácter gregario de la especie) es un hecho social. Lo cual pude ser (y es) usado, como argumento contra grupos que buscan garantizar derechos a todos los sectores de la población, específicamente sobre el tema del matrimonio igualitario y adopción para parejas del mismo sexo.

Por otra parte, es notable la visión cuasi ilustrada del hombre como la creación máxima del universo y, por tanto, amo y dueño de todo lo que hay en la tierra. Al respecto, en varios apartados enfatiza que el hombre se distingue de los animales por ‘virtudes’ varias, como la tendencia a formar ‘familia’, su carácter civilizado, su búsqueda del progreso y, como principal diferencia de la que derivan las anteriores, que el ser humano tiene ‘alma’ o ‘espíritu’.

Por principio de cuentas habría que considerar el hecho de que el texto original data de los 50, época en la aún se desconocían muchas características de los animales, pues ahora ya tenemos (o deberíamos) tener bien claro que no somos la única especie dotada de inteligencia, emociones, ni que tiende a formar ‘familias’ (cabe recalcar que el concepto es de construcción social humana). Además, respecto al ‘progreso’ habría que enseñarles a nuestros congéneres de mediados del siglo pasado hasta donde nos ha llevado lo que consideraron como tal. 

Por último, considero digno de mención los símiles que los puntos que contiene la Cartilla Moral guardan con los mandamientos y doctrinas religiosas, coincidencias que el mismo documento reconoce y no tiene empacho de mencionar. No vaya a ser que agrupaciones religiosas sigan ganando terreno dentro de la administración federal. Qué miedo.

Por último, cito una parte de la Cartilla: “El hombre debe sentirse depositario de un tesoro. Debe sentirse vigilado por el respeto moral y debe sentir vergüenza de violar este respeto”.

Moral, vigilancia y vergüenza. Hasta me sentí en misa.

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