Opinión

Alianza contra Morena

Nube Estéril

Avatar del

Por: Víctor Valera

Tan solo por instinto de supervivencia, es urgente que los partidos de oposición en Hidalgo pacten una alianza contra Morena, ya explorada en el Congreso local, con la finalidad de que sean competitivos durante la próxima elección de presidentes municipales 2020.

Estos comicios de alcaldes, sin Andrés Manuel López Obrador en la boleta electoral pero con permanente presencia en la agenda nacional, serán la antesala de la elección de gobernador de Hidalgo.

Y si pretenden capitalizar el desgaste del gobierno federal, es decir, de Morena, urge que estos partidos pacten una alianza que sea rentable en términos electorales y que decidan quien encabeza determinado municipio.

Difícil lograr acuerdos en plazas como Pachuca y Mineral de la Reforma, actualmente gobernadas por el PAN, pero solo basta recordar que en la pasada elección panistas y priistas fueron borrados de las diputaciones locales y llegaron al Congreso solo vía representación proporcional.

Este argumento da paso a una alianza contra Morena encabezada por PRI o PAN, (el PRD sigue sin recuperar la votación con la cual José Guadarrama llegó al Senado en 2006), cuyas bases legales o no escritas de una hipotética coalición pueden ser de naturaleza dual. 

Registrar la coalición ante el Instituto Estatal Electoral de Hidalgo (IEEH), lo cual le daría carácter oficial, o pactar alianzas basadas en encuestas donde a semanas de la elección un candidato decline a favor del mejor posicionado en determinado municipio.

Tal propuesta, que no es nueva en el estado ya que Francisco Xavier y José Guadarrama plantearon dicha posibilidad en la pasada campaña de gobernador, necesitaría meses de negociaciones para conciliar a las expresiones locales, evitar rupturas al fijar reglas con el objetivo de concretar alianzas de facto.

Este trabajo desde la base de cada partido, evitaría posibles conflictos postelectorales, comunes al concluir las votaciones de ayuntamientos. Sería fundamental la repartición de regidurías y los votos que pudieran garantizar Nueva Alianza y Verde Ecologista en este probable convenio de coalición.

Ante ello, es necesario que los partidos de oposición reconozcan el nuevo rol que desempeñan después de las elecciones presidenciales, en un escenario donde pasaron de ser mayoría a minoría. 

En la última década, se ha transformado el mapa político de Hidalgo. De una clara hegemonía priista a una diversidad de colores que desencadenó recientemente que el PRI perdiera, primero Pachuca y Mineral de la Reforma y luego el control del Congreso local.

Dicha situación trajo consigo una nueva dinámica en la vida política del estado, ríspida en la relación gobierno-Congreso, y, en un futuro, modificará las formas de acceder al poder, una posible alternancia.

Por ello, la oposición es el necesario contrapeso en toda democracia para evitar que otro partido, misma forma, sea quien ostente la mayoría absoluta en los 84 municipios de Hidalgo.

Ante las recientes renuncias de militantes priistas, el PRI puede volver a sus orígenes, hacer de este periodo una especie de selección natural donde queden solo los verdaderos tricolores. Falta medir el impacto de la elección de dirigente nacional, el posible arribo de una hidalguense a la secretaría general, la influencia del coordinador en el Senado y el punto de vista del primer priista en la entidad.

Del otro lado, Morena tiene listo un ejército conformado por los servidores de la nación y, seguramente, las llamadas redes ciudadanas del grupo universidad. La intervención de los gobiernos, será otro aspecto a analizar.

En esta nota:
  • Nube Estéril

Comentarios